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El Síndrome de Zavala

Published Date: julio 1, 2010

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Español
978-99953-0-236-8

El Libro

Novela que se desarrolla casi completamente en las calles de una Asunción contemporánea, donde un joven simplemente la surca y observa de manera objetiva a su alrededor, al tiempo que reflexiona sobre todas esas cosas que siempre pensamos en los momentos de hastío, aburrimiento, en los semáforos, mientras caminamos, en el ómnibus, en una sala de espera, en la cancha, o cuando viajamos. Esos pensamientos que mueren en el mismo momento, y que nunca nos atreveríamos a repetir a nadie, por temor al rechazo, a la desaprobación, o a que se nos considere dementes. Esos diálogos interiores que nadie comprendería.

La estructura de la narración no es tradicional, la redacción en primera persona, la carencia de interacción con otros personajes y mucho menos diálogos, hacer que todo en torno a la obra sea diferente a cualquier obra en general.

Además, es la única obra de Jeu Azarru prácticamente sin elementos de ciencia ficción y fantasía. O sea, un alejamiento de la temática que lo caracteriza. A pesar de ser corta, fueron años de apuntes, observaciones, e ideas, las que se plasmaron en la novela, hilando fino las argumentaciones y disquisiciones para ir enganchándolas una detrás de otra de manera que tuvieran sentido y fluyeran con naturalidad.

La idea es que la novela sea un juego de ida y vuelta entre el personaje y el lector, y que le remueva cosas asentadas, que desentierre sus pensamientos, y al mismo tiempo, su tesoro, su propio ser.

Reseñas y Crítica

Delfina Acosta – Crítica Literaria, Diario ABC color (26/09/2010)

Juan de Urraza nos tiene acostumbrados a su sentido de observación. Agudo sentido de observación, diría yo. En este libro, que se llama Síndrome de Zavala, encontramos al escritor haciendo un análisis pormenorizado de muchas situaciones, la mayoría negativas, que se dan en la idiosincrasia paraguaya, situaciones que para muchas personas pasarían casi inadvertidas, pero que él va apuntando como un investigador consumado. Sabe Jeu Azarru poner el ojo donde está el defecto, o mejor dicho, donde está el motivo más elocuente de nuestro fracaso como pueblo.

Igualmente, él se empeña en estudiar su psiquis. Confiesa que vive perseguido por las ideas, y que no puede dejar de pensar. Esa circunstancia se debe, sin lugar a dudas, al costado filosófico que forma parte de la traza, del continente del autor sobre el cual me estoy refiriendo en estas líneas. Se queja él de que no puede dejar de pensar, de que vive acosado por los pensamientos.

Es que el pensamiento crítico en torno a la sociedad es su segunda manera de vivir; al menos, eso es lo que yo supongo. Y no es que él vaya a estudiar o examinar el “lado trágico” de la vida que tanto dolor de cabeza le causó al español Unamuno. No. Él viene a observar la sociedad, su cotidianidad, su motivo de decadencia, y nos acerca el resultado en este libro que es un ejemplo de talento y de perseverancia.

Ah… Y los espíritus, los entes que lo persiguen, esas almas en pena que entran en estado de contradicción y buscan adueñarse de su personalidad. Él busca el tesoro escondido que dejó la Guerra Grande. Pero Jeu Azarru busca también hacernos pasar un rato agradable, con su estilo escritural que en todo momento da señales de vida, travesuras mediante.

Le aconsejo que se deje llevar por el lenguaje original del texto El Síndrome de Zavala.

 

Irina Ráfols – Escritora

Juan (Eustaquio, Urraza no, debo aclarar), nos muestra un colorido retrato de un tipo humano, producto de nuestro tiempo. La novela de tinte costumbrista, sicológica, urbana y sobrenatural, plantea la búsqueda extraordinaria de un tesoro legendario: Plata Yvyguy. Pero lo notable, no son las cosas que están alrededor de Juan, sino, la embrollada visión de Juan acerca de las cosas. Nos mostrará la vida complicada de la ciudad, lo complejo de convivir con las costumbres de los otros, lo complicado de la relación con las mujeres.

La trama nos invita a criticar, al compás de Juan, a mirar nuestra propia complicación diaria, pero lo interesante es la posibilidad que se nos plantea de reírnos un poquito de la paranoia del mundo. Sí, es una historia de plagueos… Pero con espacio para la risa, para la ironía, y para el asombro de encontrar en una esquina, una situación inesperada.

Juan (de Urraza, no Eustaquio), nos muestra otra faceta de su narrativa en un campo sicológico, que pese a la tensión del otro Juan, es fresca, sincera y realista. Realista, sí. ¿Cuántos creen en fantasmas? ¿Cuántos creen en los tesoros enterrados de la Guerra Grande? ¿Acaso el Paraguay, culturalmente, no convive con la magia del realismo? ¿Puede una guerra tan devastadora para el país, no haber dado el humus suficiente para levantar una hueste de duendes y espíritus? Esa propuesta estará allí: creer o no creer.

Lo que haremos será acompañar al personaje en su aventura del diario vivir, hasta llegar a un desenlace inesperado. La clave la dará la propia mente de Juan, que nos irá guiando, creciendo paso a paso hacia la resolución, hacia la paranoia, hacia la locura. Solo lo sabremos llegando al final, pero podría ser que el final se pareciera a un círculo, donde un acontecimiento que parece el fin, señalará un escalofriante eterno retorno.

El síndrome de Zavala, se descubre en los sueños. En las pesadillas. Pero los síntomas podrían generarse ya con los nombres que nos tocaron al nacer, pasar por los efectos del “ya da, ya”, y hasta llegar al patrón de dibujos del suelo de cierta casa, similar a un mapa, que apunta a la actual Universidad Católica.

Mientras tanto, que nadie diga, ¡yo no soy así!, cuando creamos vernos señalados por alguna similitud, por encontrar algún síntoma de Zavala en nosotros mismos. Toda la culpa echémosla sobre Juan (Eustaquio, no Urraza). Recomiendo que nadie se sienta aludido, ni culpable de nada al leer esta novela.

ACLARACIÓN: Urraza simplemente fue poseído aquí, contra su voluntad, una vez más, por la musa literaria. Tampoco tiene la culpa.

 

Victor-Jacinto Flecha – Escritor

El Síndrome de Zavala, o la reverberación de un pasado en lo cotidiano urbano

La novela que aquí presentamos, “El Síndrome de Zavala” de Juan de Urraza, es la primera de su género que aborda un tema jamás visualizado por nuestra narrativa, tan rica en escarceos de la historia y de la realidad social, y sin embargo nadie traslució el magma etéreo de la relación del presente con la Guerra de la Triple Alianza, desarrollada hace casi un siglo y medio, aunque la cosmovisión que tenemos de esa hecatombe social no sólo sigue vigente, sino que parece ser el tuétano de nuestra existencia, la armazón de nuestra razón de vida, como si el devenir de nuestra cotidianidad dependiera de ella.

El largo monólogo que es la novela, es una historia del desacomodo, en donde el personaje no esta conciliado consigo mismo ni con el entorno, pero que sin embargo expresa la esencialidad del medio que rechaza. El hilo conductor de la narración, más bien el pretexto, es la búsqueda de Plata Ybyguy, (tesoro enterrado) para ir desgranando la cosmovisión del personaje de una realidad atrapada en inmanencias no traslúcidas, pero cuyos entornos reverberan y suplantan a lo esencial. El origen de estas historias data de los entierros que hacía la propia gente ante el avance de los ejércitos aliados de la Guerra mencionada, y que luego del fin de la misma, con la derrota del Paraguay y la gran mortandad social, alimentó el mito de la existencia de tesoros enterrados por doquier del territorio paraguayo, en tanto que el estado nacional de entonces desapareció, nadie más ha tenido noticias de dónde fueron enterrados esos caudales, y la mortandad impidió que se pudieran recuperar sus joyas soterradas. Detrás de estas leyendas, cultivadoras de esperanzas de un enriquecimiento súbito al descubrir y desenterrar los tesoros, se esconde el mito totalizador del Paraguay por espacio de casi de un siglo y medio. La guerra de la Triple Alianza (1864-1870) implicó la destrucción de un país supuestamente inmensamente rico, donde abundaban el oro y la plata, como bastión sostenedor de la población ante una realidad degradada y miserable. El abrupto corte de un proyecto nacional de desarrollo en ciernes y la miseria, posterior a la guerra, enarboló las condiciones de construir con ladrillos de ensoñación la certeza de un pasado ubérrimo, próspero y feliz. La guerra, en la que desapareció casi el 80% de la población, es vivida hasta hoy día por los paraguayos como una hecatombe, como el momento más álgido y soberbio de la concreción del espíritu nacional, fuente y numen de inspiración para definir a los paraguayos.

La novela, si bien se inicia en el hoy contemporáneo, se retrotrae en su primer párrafo a esta guerra, denotando lazos familiares con un combatiente de aquella. Aunque esa relación no sea asumida como positiva por el personaje, denota el momento inicial de su desencuentro consigo mismo, para luego descargar su malestar no reconociéndose como parte de una sociedad a la que visualiza de manera crítica.

El Personaje

El autor devela la realidad cautiva en el magma inmanente de la guerra de manera simbólica y lo hace a través de un personaje, que pudiera considerársele, como el prototipo de una clase media urbana, más exactamente clase media asuncena, llena de percepciones de baja intensidad cognoscitiva, incapaz de auscultar la realidad fuera del sentido común sin ninguna explicación raigal de los acontecimientos que va viviendo. Atrapado, sin que él lo intuya siquiera, en una sinrazón de avatares que lo conduce por los caminos de la ensoñación, a horcadas entre “la realidad y la fantasía, la vida y la muerte, la cordura y la locura”. En este connubio límite de la desazón su perspectiva cuestionadora de la realidad circundante se agudiza, es parte esencial de su largo discurso que va desmigajando en el transcurso de toda la novela. Su pensamiento refleja a un individuo, si bien con formación terciaria, es ingeniero, con rudimentos del sentido común. Su compromiso no va más allá del de un observador que hace un discurso, inclusive pudiera pasar “tardes enteras bajo un árbol de mango, tomando unas cervecitas, y discutiendo cómo mejorar a nuestro país, o analizando las causas del espiral autodestructivo en el que estamos cayendo cada vez más rápido y profundo” pero sin atinar actuar. Es un hombre poseído por los fantasmas del pasado, no puede vivir su vida libremente sin esa sujeción que le marca los caminos a andar.

Pareciera que el autor, con esta obra, esté tratando de reflejar la situación de miles de paraguayos de hoy, que a pesar de haber logrado una educación universitaria, no llegan a tener conciencia (si bien son capaces de enunciar los problemas), de las posibles soluciones que pudieran tener las trabas que le aquejan, y menos aún de actuar en ese sentido. Esta es una historia transfigurada, en donde la aceptación del mito va más allá de su propia voluntad, dominándolo, doblegándolo a seguir los pasos que le fije, no teniendo ninguna escapatoria fuera de los límites señalados, como un atrapado sin escapatoria posible, a no ser que enfrente al mito a punto tal de transcenderlo como vía de su propia liberación.

Es como si el mito del pasado siguiera siendo la problemática acuciante del presente, es decir, apreciar el presente con visión del pasado, sin perspectiva del futuro.

El tiempo

El tiempo que aplica el autor en el monólogo del personaje no es preciso ni concreto. Pareciera que el tiempo es un artilugio más del autor para denotarnos la licuación de una situación en que el pasado es presente. El trastrocamiento del tiempo es un artificio denotador de la no existencia de un tiempo pasado, presente y futuro. La clausura del tiempo son los barrotes de esta sociedad que se niega a dejar el pasado para construir el futuro.

La obra

Esta es una obra plena en simbolismo. Desde la plata ybyguy rekavo (tesoro buscado), un elemento que pervive la creencia y la práctica en la cultura paraguaya, hasta las constantes enunciaciones de la Guerra de la Triple Alianza, nos enfrenta a este tiempo en que los fantasmas del pasado no sólo existen como presentes sino que nos estremecen y nos dominan. Por otro lado, además del personaje humano, es otro el personaje presente en todo el transcurrir de la novela sin que sea mencionado como tal: la propia ciudad. La narrativa paraguaya no suele frecuentar con asiduidad el territorio urbano de Asunción, describiendo calles, plazas, restaurantes, e inclusive viajes en transporte público. Con esta novela se acumula una nueva cosmovisión de la urbe en que la ciudad dejó de ser el sitio del vicio, de la narrativa de principios del siglo XX, para ocupar un espacio vital en este principio del siglo XXI. Un signo más de que el Paraguay dejó de ser una sociedad rural para convertirse en una sociedad urbana, pero que sin embargo, sigue atrapada por un pasado que se niega a traslucirse como tal y ocupar su sitio, liberando al presente para que pueda ser futuro.

En fin, esta es una novela en que la literatura juega su rol revelador de una situación social llena de amarres al pasado sin perspectiva certera hacia el futuro. Merece ser leída, tanto por su calidad literaria como por la substancia que enuncia.

 

 

Crítica de José Vicente Peiró – 13/03/2013

DIVERTIR PARA PENSAR: SOBRE LAS ÚLTIMAS OBRAS DE JEU AZARRU

No creo necesario descubrir a Juan Eduardo de Urraza. Ni revelar que es uno de los autores con una obra más prolífica en el Paraguay. Llámese Jeu Azarru o Juan de Urraza a secas. ¿Para qué hablar de él si está incluso en la Wikipedia? Aprieta el ratón y con un golpe de clic ahí tiene usted toda la información básica sobre él. Está en el mundo Google como lo están los prohombres del mundo mundial. Como corresponde a la vida de hoy. Hace dos décadas, lo que no salía en la televisión, no existía; hoy, o estás en la Wikipedia o serás un desahuciado de la humanidad. No te molestes en buscarme en ese cajón desordenado y de información siempre a contrastar, así que ya sabéis dónde me hallo.

Pero, por si alguien desea acercarse a su obra, le sugiero que lea esta reseña. Estamos ante un renovador de la ciencia-ficción en Paraguay. Desde aquel viejo relato “Alberico” de Rafael Barrett, publicado en El Diario, el 7 de setiembre de 1907, el subgénero se prodigó esporádicamente en su vertiente de relato de anticipación con contenido social. Las circunstancias históricas y políticas del país no favorecieron su desarrollo porque primó la realidad como referente de la obra escrita en prosa, y nunca dejó posibilidad de expresión a una vertiente con tanta ficción. Barrett, en su narración, dibuja las peripecias un personaje que encuentra una isla desconocida, inexistente en los mapas. Habrá que esperar a La guerra de los genios de Eduardo S. Ammatuna (1974) para reencontrarnos con la ciencia-ficción. Pero el primer gran cultivador del subgénero, y verdadero creador de un corpus coherente, es Osvaldo González Real, escritor de seis relatos de anticipación publicados en 1980 en Anticipación y reflexión, cuyos relatos de ciencia-ficción se extrajeron y ampliaron dos décadas después en un volumen con el nombre de El Mesías que no fue y otros cuentos. Hubo algunas incursiones aisladas de Manuel E. B. Argüello, Jesús Ruiz Nestosa, Luis Hernáez, Catalo Bogado y Lita Pérez Cáceres, que generalmente suelen referirse a aspectos de la vida cotidiana situados en un mundo futuro para ponerlos en entredicho. Lo cierto es que la ciencia-ficción aparece sistematizada en la obra de un autor por primera vez en el año ochenta con los cuentos de anticipación de González Real. En la última década del siglo XX se expandió, sobre todo en el cuento, con un notable crecimiento de lectores, sobre todo jóvenes. Destacan novelas como El arca de marangatú (1997) de Gino Canese y El goto (1998) de José Eduardo Alcázar, y un libro de cuentos, Al filo de la eternidad (1998) de Bertha Medina, además de algunos relatos de Lita Pérez Cáceres incluidos en su obra Marta Magdalena María (1998). Pura ciencia-ficción de anticipación heredada de los Huxley o Bradbury.

Ya en el siglo XXI junto a Roberto Goiriz, Chester Swann o José Pérez Reyes, entre otros, Juan Eduardo de Urraza nos ha hecho reflexionar sobre nuestra sociedad y el camino tecnocientificista por el que discurrimos en grandes creaciones como las novelas La Sociedad de las Mentes (2001) e Yronía (2005), y los libros de relatos Verdades Futuras y Mentiras Antiguas, (escritas en un Presente Incierto), de2003 y Diferentes Caminos a la Verdad (2007), además de plantear la fantasía como método literario de indagación en el ser en Alicia y los Universos Alternativos (2009). Son obras compactas, coherentes y encaminadas, en las que destaca la colisión entre el mundo cibernético y la espiritualidad; entre la técnica y la razón humana. Le preocupa la convivencia de las personas con elementos no estrictamente de nuestra especie, como los tecnológicos, los sobrenaturales o los puramente fantásticos, sean prosopopeyas o reflotamientos mitológicos.

Seguro que usted, mi querido lector, conocedor de la obra de Urraza, estará preguntándose por su novela titulada El Síndrome de Zavala, puesto que no he hablado de ella. Novela de 2010, digamos que es un punto y aparte dentro de la producción del autor, aunque tampoco se separa en el fondo de la coherencia del conjunto de su producción, dado que nos muestra la lucha frente a la contradicción del ser humano dentro de una sociedad extraña, o al menos alienante. Sorprende en el lector paraguayo que ese recorrido de Zavala parezca más bien un viaje por cualquier lugar del mundo. Es una obra plenamente universal, a pesar de que nos muestra a un personaje paraguayo, Juan Zavala, recorriendo Asunción frente a situaciones absurdas y episodios extravagantes en los que vivimos. No ya por esa búsqueda de los tesoros enterrados en la guerra de la Triple Alianza, sino porque el entorno realmente es absurdo. Es una novela cosmopolita; una narración de una Asunción invadida por las costumbres de cualquier ciudad llamada occidental. Es obvio que el “Chausero” es un personaje de la vida actual paraguaya, pero yo diría que lo he visto en alguna otra parte del mundo.

Es por ello que El Síndrome de Zavala sea posiblemente la novela más redonda de Urraza. En ella no tiene desperdicio ningún párrafo, aunque en ocasiones el ritmo parezca diluirse a causa de la diferencia entre las situaciones halladas, problema que Urraza sabe resolver con habilidad. Estamos ante un referente sobre la Asunción del nuevo siglo, lleno de poder crítico, sin ambages, y con sentido del humor acerca de la vida diaria al estar repleta de situaciones jocosas. Es la Asunción actual la que se nos ofrece a los ojos gracias a Urraza. Pero en poco se diferencia de ese absurdo existencial que vivimos en la actualidad, cuando precisamente lo existencial ni se plantea por aburrido o por hastío social.

Elijan entre estos dos pasajes literarios de este buen autor paraguayo, aunque nacido en Argentina. Si desean divertirse sin dejar de reflexionar, cualquiera de ambas es válida. Si prefiere la fantasía, tiene la primera; si desea una ambientación realista, aun sin eludir la fantasía del pensamiento del personaje frente a algunas situaciones, elija la segunda. Sea como sea, Juan de Urraza le demostrará que soñar es un verbo cuyo significado no está reñido con el de pensar en clave real.

 

Entrevista en Nova Paraguay (27/05/2011)

Acompañado por la escritora uruguaya Irina Rafols, Jeu Azarru (Juan de Urraza) presentó ayer su obra en el marco de la Feria del Libro del Bicentenario.

Un nutrido grupo de lectores escuchó la exposición del autor y luego participó de un entretenido conversatorio acerca de los tópicos que la novela plantea acerca de “ser paraguayo”.
NP dialogó después con el autor y la escritora.

– ¿Contános Juan cuanto disfrutaste de la escritura de este libro?

Me encanto. Fue una experiencia muy diferente a las que estoy acostumbrado, pero me gustó retratar la ciudad donde vivo, con sus falencias, con sus cosas lindas y no tan lindas, así como la forma de ser del paraguayo, tomándolo con un poco de humor y reconociendo que nadie puede considerarse paraguayo sino tiene un poco de locura, infidelidad y malas costumbres, cada uno tiene lo suyo y tenemos que aceptar eso. Dicen que los hombres más interesantes son los infieles, por algo todas las mujeres le andan detrás…eso no es una casualidad.

– Tengo que decirte que suena a justificación… (risas)

A lo que voy es que todo tiene su punto negativo y positivo y eso es lo que le da la gracia a vivir. Trato de que la gente lea y diga “cierto” es así no más, y las cosas que podamos cambiar las cambiemos, y sino que por lo menos que nos riamos.

– Esta es una sociedad que se espanta ante la crítica y pasó algo que confirma esto con tus amigos, que al ver revelados algunos “secretos” que en realidad todos sabemos pero callamos, te reclamaron el haberlos publicado en el libro.

Se ofendieron prácticamente. Uno de ellos me dijo “Está buenísimo el libro me encanto, pero ¡lo tuve que esconder! Porque ¿qué pasa si mi mujer lee que el hombre tiene dos celulares, uno para ella y el otro para la amante…?” y ahí me di cuenta que había hecho un retrato acertado de nuestra sociedad.

– ¿Qué pensaría Eustaquio Zavala (personaje central de la novela) de los festejos del Bicentenario?

Si bien disfrutaría de la fiesta, estaría preocupado porque mucho de los esfuerzos que se hicieron se hicieran en otras direcciones también y tuvieran continuidad. Que no sucediera eso de salir a las calles con la bandera a gritar y ver fuegos artificiales solamente, porque eso no es patriotismo. Patriotismo es construir el país todos los días y eso la mayoría de la gente no lo hace. La mayoría se fue a decir que es patriota pero seguramente seguirá evadiendo los impuestos, etc…creo que Zavala se hubiera cansado del Bicentenario antes de que llegara.

“Juan tiene una mente inquieta, brillante y talentosa”

Así describió Irina Ráfols, escritora uruguaya, al autor de la obra, y NP le preguntó:

– Irina ¿qué pensaste cuando leíste por primera vez “El Síndrome de Zavala”?

Había leído otras obras de Juan, “Sociedad de las mentes” “Yronia”, otro estilo que me habían parecido buenísimas, y me encontré con un tipo de texto totalmente diferente en cuento a idea, estructura y personajes. Por supuesto me reí mucho, me planteé si él pensará así realmente sobre los temas que toca (risas) y me pareció también importante porque él, que nació en Argentina y hace muchos años que está acá, necesitaba construir ese lazo con la cultura paraguaya, algo que yo como uruguaya también siento y comparto. Algo que todo escritor que nació en otro lado creo tiene que hacer a través de su obra. “El Síndrome de Zavala” representa una conexión como escritor con el Paraguay muy sincera y muy fuerte, porque se atrevió a tocar temas que sabía podían despertar críticas y encender polémicas. Y se la jugó acertadamente de manera muy inteligente.

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